
Agalloch: El pasado es pasado!
Tras años de silencio, la banda vuelve a los escenarios con una perspectiva distinta sobre su propia historia, consciente del legado que ha dejado atrás, pero sin la necesidad de vivir condicionado por él. En esta entrevista, John Haughm reflexiona sobre el paso del tiempo, la profundidad filosófica de sus composiciones, la relación con sus seguidores y una libertad creativa que no entiende de obligaciones ni expectativas. Porque, para Agalloch, el pasado merece ser celebrado, pero nunca debe convertirse en una cadena.
Hola y bienvenidos a The Horror Dimension! Devolver a Agalloch a la vida después de todos esos años debe de haber sido una experiencia única, tanto a nivel personal como musical. ¿Qué habéis descubierto sobre vosotros mismos y sobre la banda durante esta nueva etapa? ¿Ha cambiado vuestra relación con el legado que dejasteis atrás?
JH: He aprendido a no tener una opinión tan elevada de mí mismo y ahora aprecio de verdad todo lo que conseguimos. Esos seis o siete años alejado de la banda me dieron una perspectiva más profunda de aquello a lo que había renunciado y del interesante legado que dejamos atrás. Trabajar en las reediciones para Eisenwald me ayudó a comprenderlo con mucha más claridad.
Una de las grandes preguntas que se hacen vuestros seguidores es si habrá un nuevo álbum de larga duración. ¿Es algo que os estéis planteando seriamente o preferís dejar que las cosas evolucionen de forma natural, sin fijar plazos? ¿Estáis trabajando ya en material nuevo?
JH: Tenemos un par de canciones nuevas en las que hemos ido trabajando poco a poco, simplemente por el placer de crear, pero no tenemos absolutamente ningún plan de grabar nada ni de hacer un álbum por ahora. Aunque escribiéramos diez canciones nuevas, eso no significa que tengamos que hacer nada con ellas. Me gusta esa libertad.
Si finalmente sale un nuevo álbum, inevitablemente se comparará con discos emblemáticos como The Mantle, Ashes Against the Grain y Marrow of the Spirit. ¿Sentís el peso de esas expectativas o creéis que, a estas alturas, tenéis libertad para explorar nuevos territorios sin preocuparos por lo que la gente espera de Agalloch?
JH: No, la verdad es que no. Nunca componemos intentando competir con nuestro propio pasado. Siempre hemos dejado atrás lo anterior antes de hacer un álbum, y por eso cada disco suena bastante diferente de los demás. Si hiciéramos otro álbum, adoptaríamos la misma actitud. Lo único que nos importa es crear algo que disfrutemos personalmente aquí y ahora. El pasado es pasado.
La naturaleza, la espiritualidad, la mortalidad y la melancolía siempre han sido elementos fundamentales de la identidad de Agalloch. Después de todos estos años, ¿ha cambiado vuestra forma de entender estos conceptos? ¿Sigue siendo vuestra filosofía personal la principal fuerza impulsora del proceso creativo de la banda?
JH: Sigo teniendo una filosofía personal similar, pero soy mucho más reservado y discreto al respecto que cuando tenía veinte o treinta años. Tampoco estoy tan involucrado como antes en muchas de las comunidades paganas (Heathen) y de neofolk. Creo que lo mejor es encontrar tu propio camino y recorrerlo en solitario.
En muchas de vuestras composiciones, la naturaleza parece representar algo más que un simple paisaje: se convierte en una presencia con entidad propia, ante la cual la humanidad ocupa un lugar casi insignificante. ¿Concebís vuestra música como una forma de reconectar a las personas con el mundo natural en una sociedad cada vez más tecnológica, que parece estar cada vez más alejada de él?
JH: Sí, creo que has comprendido bastante bien mis intenciones. Agalloch nunca fue esa típica banda de «ciervos y paisajes» con la que la gente suele asociarnos. Mis letras siempre pretendieron tener una mayor profundidad filosófica, más allá de esa estética «épica e invernal».
Cuando retomáis composiciones de una etapa anterior, ¿intentáis preservar su intención original o permitís que vuestras experiencias actuales transformen su significado? ¿Hasta qué punto pertenece una canción al momento en que fue creada y hasta qué punto puede seguir evolucionando con el tiempo?
JH: Las canciones siguen siendo tal y como eran, pero siempre las interpretamos de una manera que permite cierta espontaneidad. A veces Don añade una melodía diferente o modifica un poco un solo para hacerlo más interesante en directo. Las canciones crecen con nosotros, aunque sigan siendo productos del pasado.
Cuando escucháis hoy vuestras primeras composiciones, ¿seguís reconociendo las mismas emociones e inquietudes que os inspiraron a escribirlas? ¿O el paso del tiempo os ha llevado a descubrir significados que ni siquiera estaban presentes cuando aquellas canciones nacieron?
JH: A veces, cuando vuelvo a escuchar una canción antigua, me pregunto qué demonios estaría pensando cuando la escribí. En ocasiones hacemos pequeños cambios si hay alguna parte original que nos molesta. Sin embargo, en general las interpretamos tal y como eran y simplemente las acepto como cápsulas del tiempo de una versión de mí mismo que pertenece a otra época, alguien que escribía lo mejor que podía con las capacidades que tenía entonces.
Hay veces en las que me sorprende el grado de profundidad emocional que algunas de esas canciones siguen conservando, y algunos de los arreglos todavía me parecen interesantes.
Con los próximos conciertos, ¿qué os gustaría transmitir al público durante esta nueva etapa de Agalloch? ¿Veis estas actuaciones principalmente como una oportunidad para celebrar vuestra historia o también como una forma de abrir la puerta a lo que la banda pueda llegar a ser en el futuro?
JH: Por encima de todo, es una celebración de nuestra historia. Agalloch siempre evolucionará junto a sus integrantes, y los miembros fundamentales de la banda hemos crecido y cambiado como personas, incluso desde hace apenas diez años. Creo que eso se nota en nuestra presencia sobre el escenario y en la forma en que me dirijo al público hoy en día. Es, sencillamente, una expresión honesta de quiénes somos ahora.
Vuestra discografía abarca distintas épocas y una amplia variedad de atmósferas, desde pasajes acústicos y folk hasta momentos más densos y extremos. ¿Cómo os planteáis actualmente la elaboración de los repertorios para los conciertos? ¿Hay canciones que tengáis especial interés en recuperar o material que todavía no haya encontrado su lugar sobre el escenario?
JH: Me encantaría recuperar canciones como «Faustian Echoes», «The Watcher’s Monolith», «Plateau of the Ages» y «The Melancholy Spirit».
También me gustaría cambiar nuestro repertorio para que reflejara los lanzamientos de nuestras reediciones actuales. Eso significaría dejar fuera buena parte del material de Ashes para dar más espacio a canciones de Marrow.
Por supuesto, me gustaría intentar tocar The Mantle íntegramente en alguna ocasión y quizá probar también con «Black Lake Nidstang» o «Birth and Death of the Pillars of Creation». Una de las ventajas de tener tantas canciones en nuestra discografía es que podemos probar distintos tipos de repertorio si nos apetece.
Agalloch ha desarrollado una conexión extraordinariamente fuerte con su público y, para muchos oyentes, vuestra música está ligada a experiencias profundamente personales. ¿Cómo os sentís respecto a esa relación? ¿Os ha sorprendido alguna vez la manera en que los oyentes interpretan una canción o le atribuyen un significado que nunca habíais imaginado?
JH: Antes me molestaba a menudo que la gente malinterpretara mis letras o nuestras intenciones estéticas. Sin embargo, ahora simplemente acepto que cada persona tendrá sus propias interpretaciones del arte, por muy alejadas que estén de las intenciones del artista.
No puedo dictar cómo reacciona la gente ante mi trabajo y agradezco que, para empezar, estén escuchándolo.
Agalloch siempre ha mantenido una identidad muy particular, difícil de clasificar y en gran medida independiente de las tendencias musicales. En una industria que parece exigir una presencia constante, lanzamientos frecuentes y una exposición continua en las redes sociales, ¿cómo conseguís mantener el control sobre vuestro ritmo creativo y preservar vuestra independencia artística?
JH: La palabra «no» tiene mucho poder. Creo que la mayoría de la gente estaría de acuerdo en que el mejor momento para crear algo es cuando no estás sometido a las exigencias de fuerzas externas.
No tenemos ninguna obligación contractual de hacer nada y preferimos que siga siendo así. Por supuesto, si acordamos tocar en un festival o dar un concierto dentro de varios meses, cumpliremos nuestra parte del acuerdo. Pero nuestras iniciativas creativas están completamente libres de cualquier presión de la «industria» y, sinceramente, ni siquiera me importa lo que esté pasando en ella.
Si pudierais elegir cómo sería el próximo capítulo de Agalloch, ¿qué os gustaría que sucediera? ¿Os imagináis una etapa más activa, con nuevos álbumes y más giras, o preferiríais evitar establecer un rumbo concreto y dejar que la banda encuentre su propio camino?
JH: Sinceramente, no lo sé. Podríamos seguir dando unos pocos conciertos al año y continuar siendo una banda que vive de su legado, y estaríamos perfectamente satisfechos con ello.
Si decidimos hacer un álbum y queremos salir de gira, podemos hacerlo. Y si mañana decidimos separarnos y no volver a vernos nunca más, también podemos hacerlo.
Vuestra música suele dejar una sensación difícil de expresar con palabras, como si algo permaneciera suspendido entre la belleza, la pérdida y el misterio. Cuando alguien termina de escuchar un álbum de Agalloch, ¿qué os gustaría que se llevara consigo: una emoción, una idea, una pregunta o una nueva forma de contemplar el mundo?
JH: Bueno, antes intentaba determinar qué sentimiento debía transmitir nuestra música, y normalmente era uno muy negativo y nihilista. Por eso, a menudo me sorprende que la gente diga que la música de Agalloch le ha salvado la vida, teniendo en cuenta que nuestros temas son tan negativos y depresivos.
Quizá lo que encuentran en ella sea una forma de catarsis.
Y hasta aquí llegan mis preguntas. Ha sido un auténtico placer y una experiencia enormemente enriquecedora poder compartir estas reflexiones con una banda como Agalloch. Para cerrar la entrevista, me gustaría dejaros este último espacio para que compartáis cualquier reflexión, mensaje o pensamiento que queráis transmitir a vuestros seguidores y lectores.
JH: Gracias por la entrevista y por tus amables palabras. ¡Un saludo!
Biografía de AGALLOCH









