Crítica: AUTUMN STRIFE – «Romance»

Banda: Autumn Strife

Título: Romance

Año: 2026

País: EEUU

Formato: Álbum

Duración: 31 minutos

Discográfica: Obscurant Visions

Género: Black Metal

(9/10)

Sorprendente grupo el que me saltó como novedad escuchando en Spotify cosas de Fire Magic (vivan los vasos comunicantes) y es que, aunque el grupo es nuevo (en tres años, tres discos), los integrantes no lo son tanto. Por un lado Secadugengaba de Geheimnisvoll las voces, por otro J.H. de Triangulum a la batería y, como mente pensante y compositora de todo esto, M.K. de Fin a las guitarras y bajo.

Y con esa formación, ¿que es lo que plantean y por qué me han atraído tanto? Pues lo que se han sacado de la manga es un Black Metal bastante veloz y melódico, con una melodías brillantes, ultra épicas, nostálgicas y triunfantes, cierto tufillo a Punk/Oi! (sobre todo en esos medios tiempos y con unos tupatutupa muy salerosos) Y una temática que gira en torno al Chigago de la II Revolución industrial, con sus industrias, sus grandes almacenes, sus rascacielos (como el Home Insurance Building, que hace 20 años que me cayó en mi primera oposición), su transformación tras el gran incendio de 1871, su art decó y modernismo… en definitiva, esa nostalgia de los EEUU del gran desarrollo capitalista de finales del XIX/principios del XX.

En definitiva, un disco de los que me gusta: media hora de Black Metal afilado y bien tratado con un buen equilibrio entre la crudeza y la melodia bien representados en esa apertura de dos temas que van como una puta avalancha como son «For all time», con su organillo inicial, y «Chicago» que pasan a toda ostia, con unas melodías memorables, porque cuando te quieres dar cuenta, entras con el rollo más Punk/Oi! de «The Ohio step» en su versión más épica y coreable. Estás tres canciones se podrían decir que son la medida del disco, el canon en torno a lo que se desarrolla la música.

Y si hay algo que resulta absolutamente destacable, lo que lo hace sobresalir por encima del resto, es el trabajo de guitarras. Mucho calculo de guitarras dobladas por encima de la melodía, juegos de armonías y ciertas disonancias que sobresalen del maremágnum sónico y que genera una sensación abrumadora para que el disco sea altamente disfrutable, ya que siempre consigues encontrar alguna melodía que se te había pasado por alto. Temas como «Grand piano» o «Futility» suenan geniales gracias a esa capacidad del trabajo melódico de su guitarrista, que a gran velocidad crea florituras al servicio siempre del tema.

Y cierra con un temon que estalla por todo lo alto como es «Midwest Glory», una orgia de blastbeats (única vez que J.H. los usa en todo el disco) y que entra como un puto cuchillo. Un manifiesto que permite cerrar el disco con la sensacion de la vuelta a esa ciudad del ferrocarril, de sus rascacielos y ascensores, del viento y las exposiciones universales, del comercio en los Grandes Lagos y ese espíritu de pioneros, del positivismo y del espíritu científico ante un imperio estadounidense que se derrumba actualmente con el neoliberalismo por bandera.

Personalmente es un disco que ha ido creciendo mucho con las escuchas y que ha permitido redescubrir el trabajo de un gran guitarrista como J.H. al que le tenía perdido hace unos años con Fin. Recomendabilisimo para fans de Conifère/Vespéral o Rostorchester. Si te apetece volver a esa nostalgia decimonónica e industrial, échale un vistazo a esto que merece bastante la pena y saldrás satisfecho, con tu bombín y tu monóculo observando a Edison mientras llevas en tu bolsillo lo último de Verne

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