Noche mítica la que vivimos, a modo secreto, en Murcia. Por primera vez, Ad Hominem tocaron en nuestro país, banda condenada a la censura por su contenido explícito; una banda que escupe un desprecio absoluto por el género humano, con un odio profundo a las religiones abrahámicas, donde la solución es exterminar la humanidad a base de guerras nucleares. Eso es Ad Hominem.
Ahora bien, ¿no es acaso esa la temática que utilizan centenares de formaciones a lo largo y ancho del globo? Hacerlo aún más extremo es condenarte a la censura. Da igual que en las entrevistas recalque que en Ad Hominem no tiene cabida la política; aun así, es una banda provocadora. Esa música tan radiactiva merece un contenido explícito, es la base.
Quienes conocemos a Kaiser sabemos que es una injusticia esa censura, así que la organización hizo bien en hacerlo en secreto, lejos de colectivos que han puesto patas arriba eventos así. ¿O acaso no fue una injusticia llegar a censurar la gira de Destroyer 666 en nuestro país? Una banda acusada de ser nazi y, un año después, verlos tocar en Partysan, festival que no permite ese tipo de bandas en su cartel.
En fin, cosas estúpidas que tocan los cojones y hacen mucho daño a una escena que presume de ser extrema. Quien me conoce sabe perfectamente mi postura ideológica, pero hay mucha desinformación e ignorancia en este tipo de historias. He llegado a hablar con bandas que utilizan, por ejemplo, la época nazi a modo histórico en sus letras, no exaltando ese régimen, sino hablando de aquella época y de la Segunda Guerra Mundial. Gente apolítica que toca temas de la historia.
Un ejemplo muy claro lo tenemos con Marduk, banda a la que han intentado boicotear por hablar de la Segunda Guerra Mundial; es injusto, o a Impaled Nazarene, porque entre los dos centenares de canciones que tienen, hay una que habla de la invasión soviética a su país, cómo si un finlandés no estuviera en su legítimo derecho de criticar lo que hicieron los rusos. Si una banda hablase del régimen de Omar al-Bashir y las milicias Janjaweed, posiblemente nadie pondría el foco en la censura.
Desde luego, si tenemos que censurar un arte por la forma de pensar de su creador, no deberíamos disfrutar de las películas de Tarantino por ser un cerdo sionista; tampoco deberíamos disfrutar de la lectura de Lovecraft porque era racista. Basta ya de absurdeces. Hay una línea muy fina entre el juicio crítico y la caza de brujas, y en demasiadas ocasiones esa línea se cruza con una facilidad preocupante.









