Reseña: WOLVES IN THE THRONE ROOM – «Estuary»

Banda: Wolves in the Throne Room

Título: Estuary

Año: 2026

País: EEUU

Formato: Álbum

Duración:  48 minutos

Discográfica: Relapse / Century Media

Género: Cascadian Black Metal

(9/10)

Wolves in the Throne Room regresan con Estuary (editado vía Relapse Records y Century Media), una obra donde los reyes del Cascadian Black Metal demuestran que, tras más de dos décadas en activo, siguen afilando sus dientes sin estancarse lo más mínimo. El álbum marca una evolución filosófica fundamental: si en sus primeros trabajos la banda cantaba con melancolía a un mundo natural amenazado, aquí la naturaleza deja de lamentarse para convertirse en un verdugo activo dentro de un escenario posapocalíptico sin apenas civilización humana, un mundo que finalmente respira y se cobra su venganza tras nuestro paso. Este trasfondo destructivo recupera la ferocidad primaria y el misticismo arrollador de sus inicios, pero impulsado por una dinámica sonora mucho más rica y ambiciosa.

Rechazando las producciónes cristalinas y modernas, el grupo se entrega a una producción analógica artesanal sin atajos, grabada en parte en The Unknown junto al ingeniero Nicholas Wilbur para lograr un sonido orgánico donde percusiones y cuerdas suenan con garra. La tensión constante entre violencia y atmósfera se despliega en cortes como el homónimo «Estuary», que arranca como la calma antes de la tempestad, la salvaje «Knights of Tiamat» y la preciosa «Ghosts Among the Obelisks», donde los sintetizadores y la contundente línea de bajo de Galen Baudhuin aportan un peso inédito, ese equilibrio entre furia y nostalgia lo manejan de maravilla.

La obra alcanza su cumbre en la monumental «Foretold in Reflections,» casi diez minutos de aceleración y repliegue constante, y en la sofocante «The Orca Cliffs», para finalmente paralizar esta metamorfosis en «Wretched Spirits, Land of the Light», un cierre que transita desde la agresión hacia la belleza de una Tierra que vuelve a dominar sobre las ruinas del hombre. A estas alturas me pregunto si los hermanos Weaver han tocado techo, porque no dejan de sorprendernos trabajo tras trabajo, se acaban de marcar otro de los discos del año sin la menor duda!

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