Tras el impacto de su álbum debut Obsidian Majesty, nos adentramos en las tinieblas del death metal finlandés de la mano de sus dos fundadores: Jussi Rinta-Kiikka (voz y guitarra) y Risto Räkköläinen (bajo). Hablamos con ellos sobre la pesadez analógica, la herencia de los 90, la melancolía que define a su escena y el arte de mantener viva la llama de la vieja escuela!
Hola y bienvenidos a The Horror Dimension! Todos sabemos que a principios de los 90 Finlandia sacó discos brutales —Demigod, Convulse, Sentenced, Demilich, etc, con ese sonido cavernoso y único. Pero luego pareció que el Death Metal de allí se quedó helado mientras el Black Metal se llevaba los focos. ¿Qué coño pasó ahí y qué os motivó a vosotros a rescatar esa llama?
R: Hola! La mayoría de esas bandas legendarias finlandesas comenzaron siendo muy jóvenes, casi todos menores de edad. Tras esos discos clásicos y un par de años de actividad, alcanzaron la adultez y, ya sabes, la vida se interpone en el camino. Tras el boom del death metal a principios de los noventa, muchos sintieron que ya no había mucho más que lograr en ese terreno. Algunas de las bandas que continuaron, como Sentenced, Amorphis o Xysma, buscaron ampliar su sonido explorando otras direcciones más allá del death metal clásico. El impulso inicial se había agotado y era momento de que otras cosas tomaran el relevo.
Sin embargo, creo que la escena musical underground es cíclica. En la actualidad estamos presenciando una especie de renacimiento del death metal finlandés, con docenas de bandas nuevas y realmente buenas formándose. Puede que no todas rincan culto exactamente al sonido clásico finlandés en su propio material, pero de algún modo se sustentan en los cimientos sentados por nuestros antepasados del género.
Respecto a los inicios de Hekatoxen, no creo que haya sido una decisión tan calculada. Jussi tenía algunas canciones que quería grabar, así que juntó a la banda y comenzamos a ensayarlas sin darle demasiadas vueltas. El material era sólido desde el principio y sentimos que, al menos en la escena finlandesa del momento, nadie estaba haciendo este sonido exacto. Así que pareció el camino correcto a seguir.
Obviamente, le debemos mucho a las bandas legendarias que nos precedieron. Con nuestro trabajo queremos honrar su legado y, al mismo tiempo, hacer lo nuestro.
Tiene gracia que hayan tenido que venir bandas de fuera (como Tomb Mold o Funebrarum) a poner de moda otra vez el sonido finlandés. ¿Qué se siente al ver que fuera se valoraba tanto la esencia de vuestra tierra mientras en casa estaba un poco olvidada?
J: Por supuesto, es genial escuchar que gente de diferentes países se sienta influenciada por bandas de aquí, especialmente cuando hay muchísimos grupos increíbles saliendo de sus propios países. Es fantástico que el sonido finlandés siga resonando en el extranjero, aunque no creo que nunca se haya olvidado del todo aquí. Bandas como Krypts, Ghastly y Corpsessed han mantenido la llama viva durante bastante tiempo.
Hoy en día se le llama OSDM a todo (el sonido de Estocolmo, Florida, Nueva York…). Para vosotros, ¿cuál es el ingrediente secreto e innegociable que hace que el death metal finlandés sea inconfundible frente al resto?
J: Creo que es ese sentido oscuro y sombrío de melancolía que se escucha en muchas de las primeras bandas. No dependían tanto de la velocidad, sino que utilizaban tiempos más lentos y armonías para crear un tipo de atmósfera muy particular.
Vuestro EP Utter Darkness ya dejaba claro por dónde ibais, pero con Obsidian Majesty habéis dado un salto enorme. Mirando hacia atrás, ¿qué aprendisteis de aquel debut que os sirvió para abordar este disco?
R: Como mínimo, evolucionamos como banda a medida que tocamos más tiempo juntos. También hubo cambios en la formación: se unieron un nuevo batería y un segundo guitarrista, lo que nos impulsó a sonar más pesados que antes.
Y creo que, sobre todo, Jussi creció como compositor, y sus voces en este álbum superan a las del anterior por un campo de distancia. El elemento atmosférico ya estaba presente en Utter Darkness, pero en Obsidian Majesty se apoyó aún más en él, logrando que la obra se sienta más homogénea que la anterior.
Es imposible escuchar el disco y no acordarse de la sombra de Slumber of Sullen Eyes de Demigod, pero lográis sonar con personalidad. ¿Cómo gestionáis en el local ese equilibrio entre rendir tributo a los clásicos y no sonar a copia?
R: Aunque yo no compongo las canciones, me gusta pensar que buscar inspiración en el trabajo de alguien más puede ser un buen punto de partida para una canción o una letra, para luego hacerla evolucionar hacia tu propio terreno. Y muchas veces, incluso cuando intentas buscar algo específico, terminas en un lugar completamente diferente. ¡Y eso es lo que lo hace interesante! Todo se filtra a través de tu cerebro y se marina con tus otras influencias, tu estilo de tocar, etc. O simplemente tus compañeros de banda lo van moldeando hasta que la idea original se vuelve irreconocible y cobra vida propia.
No se puede negar que hay un par de guiños bastante directos a Slumber. Están ahí, a la vista de los fanáticos de ese disco, ¡y para que otros los descubran! Y si podemos despertar el entusiasmo para que nueva gente descubra ese álbum, creo que habremos cumplido nuestro cometido. Para mí, no hay vergüenza en mostrar tus influencias abiertamente, siempre y cuando no sea lo único que hagas. Y creo que a Hekatoxen no se le puede reducir solo a eso.
¿Cómo surgió el contacto con el sello griego Nuclear Winter Records para sacar el disco? Es un sello con un catálogo brutal, ¿cómo ha sido trabajar con ellos?
J: Estuvimos contactando a varios sellos para lanzar nuestro primer larga duración, y Anastasis de Nuclear Winter nos respondió muy interesado en la banda. Desde entonces, todo ha fluido de manera impecable con él.
R: Creo que el álbum está en muy buenas manos con Anastasis en Nuclear Winter. Es un honor formar parte de su catálogo y estar representados por ellos. El año pasado tocamos con su banda, Dead Congregation, cuando estuvieron en Finlandia, y ¡madre mía, cómo se las gastan!
El disco no es solo dar cera a toda leche; tiene cambios de ritmo muy guapos y dinámicas muy cuidadas. ¿Cómo suele nacer un tema de Hekatoxen desde el primer riff hasta el resultado final?
J: Por lo general, todo empieza con un riff o algún tipo de idea, y a partir de ahí comienza el proceso de construir alrededor. Probamos diferentes tempos y arreglos hasta que encaja. No hay una fórmula estricta para componer, salvo intentar que cada canción destaque por sí misma como una entidad propia, con sus característicos matices.
Una de las mejores cosas de Obsidian Majesty es que suena orgánico, sucio y vivo, sin esa producción plástica y robotizada de hoy. ¿Qué decisiones tomasteis en el estudio para conseguir ese sonido tan natural y noventero?
R: Amplificadores de válvulas reales sonando a todo volumen, nada de tonterías de plugins. La batería no se grabó con metrónomo (click track), lo que permite que los temas respiren un poco y tengan ese swing orgánico y esa sensación de directo. En la mesa de mezclas queríamos que tuviera pegada y solidez, sin sonar demasiado moderno ni pulido.
La música debe hacerte sentir algo para poder conectar plenamente con ella. Para lograrlo, tiene que sonar a que la ha tocado un ser humano real. La mayoría de las producciones modernas se sienten desalmadas de una forma que dificulta que realmente te importe la música. En mi opinión, los errores pertenecen a la música de guitarra de raíz rock ‘n’ roll, y la perfección no implica ausencia de fallos. Se trata de transmitir emoción pura, y eso no siempre cabe en una tablatura.
La voz encaja como un guante en la mezcla: suena rabiosa y podrida pero se entiende perfectamente. ¿Teníais algún vocalista de referencia en mente al grabar o simplemente salió esa rabia de forma natural?
J: Al principio, cuando intentaba encontrar mi propia voz, hubo algunos vocalistas que me influyeron, como Esa Lindén, Mikael Åkerfeldt, Craig Pillard o Daryl Kahan. Pero a medida que te acostumbras a tu propia voz, lo que sale de forma natural es lo que predomina.
El toque puntual de los teclados es un puntazo total y recuerda a la elegancia del Slumber o también Shadows of the Past de Sentenced. ¿En qué momento decidís meter un teclado y cómo hacéis para que no le quite pesadez a las guitarras?
J: Los teclados suelen incorporarse una vez terminada la canción; algunas partes ni siquiera están planeadas de antemano, sino que surgen experimentando en el estudio. La separación entre los teclados y las guitarras se logra principalmente en la mezcla. Intentamos usar el teclado como un elemento de fondo, para que al tocar los temas en directo no se sienta que se pierde fuerza.
Tanto el título del disco como el apartado visual transmiten una vibra muy oscura y antigua. ¿Existe algún hilo conductor o concepto central detrás de las letras de las canciones?
J: No hay un tema específico que rodee al álbum. Las canciones tratan sobre la muerte, la oscuridad y el horror, lo cual encaja con la atmósfera que intentamos crear musicalmente. Las letras no están conectadas entre sí; están más bien para sumar a la ambientación de cada canción.
Hoy la peña consume música como comida rápida en Spotify y sacar un disco tan denso es casi un acto de resistencia. ¿Qué importancia le dais al formato físico (vinilo, cassette) para apreciar un álbum como este?
R: Para mí, interactuar con un lanzamiento físico se siente más personal. Te invita a invertir más tiempo en la escucha del disco. Al usar streaming, es más fácil saltarse canciones, ponerlo de fondo sin prestar atención o quitarlo si no te entra a la primera. Y no me malinterpretes, la mayor parte de la música que escucho hoy en día la reproduzco a través de alguna plataforma. Es una forma estupenda de descubrir cosas nuevas. Pero no hay vuelta de hoja: la versión física, preferiblemente en vinilo, es el rey de los formatos.
Internet está saturado de música nueva. Lograr que tu álbum se edite en el mundo físico es un paso que te separa de las bandas que solo existen en el terreno digital. También requiere más trabajo, y creo que todo el esfuerzo depositado en algo siempre se nota y recompensa al final. ¡Y en este disco hubo muchísimo trabajo! La mayor parte la hizo Jussi, así que hay que dar el crédito a quien le corresponde.
J: Con una portada como esta, realmente merece ser editado en vinilo para poder apreciarlo como es debido.
La crítica y la peña que ha oído los temas de adelanto se están volviendo locas con el disco y muchos ya lo meten entre lo mejor del año. ¿Sentís que habéis devuelto el orgullo al death metal de vuestra tierra o es solo el primer paso?
J: El reconocimiento por algo en lo que has trabajado duro siempre es bienvenido. Pero ante todo, hacemos esto para expresarnos de la forma que nos resulta más natural. No intentamos devolver el orgullo ni representar a nuestro país o a la escena de ninguna manera particular. Simplemente hacemos el tipo de música en el que creemos, y si la gente conecta con ella o no, nos parece bien de todos modos.
Llevar todo este sonido tan denso y atmosférico al directo no debe ser fácil. ¿Tenéis pensado salir a tocar fuera de Finlandia para expandir esta plaga por Europa?
J: No hay planes que podamos anunciar en este momento, pero definitivamente nos interesaría llevar a la banda por Europa. Así que veremos qué le depara el futuro al grupo.
Y eso es todo, amigos. Gracias por encender la llama de nuevo con el auténtico Finnish Death Metal, es algo que llevaba mucho tiempo esperando. Os deseo toda la suerte del mundo en vuestra trayectoria. Para finalizar, ¡tenéis vuestro espacio para decir lo que queráis a los lectores!
R: ¡Muchas gracias por tus palabras y por la oportunidad de participar!
J: ¡Muchísimas gracias! ¡Sigan apoyando el death metal!
Biografía de HEKATOXEN









